lunes, agosto 17, 2015

GUERRILA, PRISIÓN Y FUGA DURANTE LA DICTADURA: TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE DEL M-14

(((Radio en Vivo)))




Rubén Ayala Ferreira narra en estas lineas su historia de guerrillero durante el estronismo.

Cuando en la madrugada del 12 de Diciembre de 1959, en aguas del río Paraná frente a Posadas, fui tomado prisionero por esbirros del régimen stronista junto con otros once compañeros, tenía sólo 20 años y sentí que de golpe, en un relámpago de fuego, todo se venía abajo: nuestros proyectos de lucha, los ideales de una patria liberada y hasta nuestra vida misma, estando de golpe a merced de las ráfagas de ametralladora.

El convencimiento y la mística que teníamos ese grupo de jóvenes idealistas que integrábamos el Movimiento 14 de Mayo para la liberación del pueblo paraguayo, nos llevaron a minimizar el poder de fuego de las fuerzas que defendían a la dictadura. Estábamos ingresando desde territorio argentino con la convicción de que el dictador sólo podía ser derrotado por las armas: sistema de autodefensa del pueblo cuando los canales democráticos se encuentran conculcados.

Mi historia debe ser similar a la de muchos jóvenes latinoamericanos de aquella época, con países dominados por dictaduras militares, especialmente los del Cono Sur del Continente. Con el triunfo de la Revolución Cubana el primer día de Enero de 1959 derribando a la dictadura de Fulgencio Batista, muchos fuimos ganados por los ideales revolucionarios.

Y fue así como del grupo de recién egresados de la Escuela Nacional de Comercio N° 2 de Asunción con el titulo de Perito Mercantil, los cuatro compañeros que habíamos decidido emigrar para estudiar y trabajar en Buenos Aires, nos unimos sin muchos rodeos a las dos agrupaciones guerrilleras en gestación en la Argentina.

Organizados por compatriotas residentes en Buenos Aires, ambos grupos planeaban el ingreso a territorio paraguayo para combatir a la dictadura de Alfredo Stroessner.

Dos de nosotros resolvimos incorporarnos al Movimiento 14 de Mayo conducido por el joven lleno de ideales que se llamó Juan José Rotela y el otro compañero se unió al Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), que también estaba embarcado en un intenso trabajo preparatorio para llevar adelante la lucha armada en nuestro país.

Esos dos queridos e inolvidables compañeros del Movimiento 14 de Mayo, Sergio Lovera Villamayor y Alberto Martín Blanco Cáceres, murieron en el campo de batalla en pos de sus ideales. Y de los cuatro, estoy quedando solo yo para contar la historia.

Hasta ahora mis hermanas se siguen preguntando cómo fue que mis padres, Dolores Ferreira de Ayala (doña Lola) y Rubén Darío Ayala Pastore (don Pocho), me autorizaron a viajar a Buenos Aires con tan solo 18 años, cediendo a la insistencia de mis tres amigos y compañeros de estudios.

Sucede que era tal la falta de trabajo en la actividad privada en nuestro país y como la afiliación al Partido Colorado era condición ineludible para ingresar a  la administración pública, finalmente de nada nos servia el título que habíamos obtenido después de seis años de exclusiva dedicación a los estudios.

Conviene aclarar que yo nací el 3 de Marzo de 1938 en el pueblo de Mbuyapey, departamento de Paraguarí, pueblo fundado y poblado por mis ancestros, entre ellos algunos que ya entraron a la historia como destacadas figuras de la lucha por la justicia y la democracia desde las filas del Partido Liberal, como José de la Cruz Ayala (Alón), quien murió en el exilio argentino a los 29 años y Eligio Ayala, mi tío abuelo, identificado entre los pocos presidentes probos y honestos que conoció el Paraguay y que falleció asesinado en circunstancias nunca bien aclaradas*.

Guerra Civil del ’47

Fue así como por identificación a valores e ideales que se transmitían por línea familiar, me crié y fui creciendo en un ambiente politizado y de compromiso social, con padres que habían asumido una lucha contra el autoritarismo, las injusticias y la corrupción a través de su participación en asociaciones  comunitarias, de acciones de solidaridad y de la militancia dentro del mismo partido político.

Esto les valió atravesar la guerra civil del Año 1947 en medio de gran agitación y momentos que llegaron a rozar la desgracia. Desde los nueve años pude ser testigo de cruentos sucesos en el fragor de esa guerra civil que, en mi pueblo natal, Mbuyapey, reducto de liberales, causó estragos.

Con mi madre íbamos sus cinco hijos, entre ellos un bebé recién nacido, recorriendo viviendas de amigos campesinos, incluso estancias del distrito, tratando de huir de esa onda de barbarie que había convertido a nuestro pueblo en verdadero traspatio del infierno, con saqueos, asesinatos, fusilamientos… Las imágenes del heroísmo de mi madre en ese tiempo de violencia ciega, me marcaron para siempre. Mi padre, con quien llegamos a perder todo contacto, andaba en algún lugar, en medio de los entonces aun espesos bosques de la zona.

El negocio y vivienda de mi abuelo materno fueron totalmente saqueados, pudiendo salvarse casi por milagro de las hordas coloradas que sembraban a su paso muerte y destrucción, causando verdadero pánico entre la población civil.

Cuando por fin logramos escapar de esa oleada de violencia que asolaba nuestro hermoso pueblo, establecimos domicilios provisorios primero en San Lorenzo y después en Benjamin Aceval (Chaco), para luego sentar residencia por casi cinco años en Piribebuy, donde mi madre retomó la docencia. Hasta poder regresar de nuevo a Mbuyapey solamente cinco años después de esa emigración forzada.
Golpe de Estado y Dictadura de Stroesnner
La resolución de la guerra civil con el triunfo del Partido Colorado, después del breve interludio democrático que la precedió, significó la vuelta de los esquemas perversos de dominación, con la corrupción y las arbitrariedades como métodos y estilo de gobierno. Posteriormente, las pujas internas dentro de ese partido tuvieron un punto de inflexión con el golpe de Estado de 1954 que instaló en el poder como jefe supremo al general de origen alemán y de ideología nazi, Alfredo Stroessner.
Así comenzó una larga y cruenta dictadura que duró 35 anos y que en 1989 sólo pudo ser derrocada por la fuerza de las armas, dando razón al planteo que habíamos realizado treinta años antes.

Las ansias de justicia y libertad
Fue así como en el adolescente Rubén (por entonces Rubencito) se fue incubando un espíritu de rebeldía contra las injusticias y cuando llegamos a Buenos Aires con los cuatro compañeros que mencioné, fue casi automática mi incorporación a ese proyecto de lucha contra el régimen dictatorial: la llama de la libertad y la justicia social ya la tenía bien adentro cuando decidí mi ingreso al Movimiento 14 de Mayo. Enseguida me encontré formando parte de ese grupo de jóvenes muy activos y entusiastas, trabajando incansablemente en las tareas preparatorias, con nuestro comandante Juan José Rotela, quien con menos de 30 años, estaba dotado de un extraordinario carisma y capacidad para transmitir los ideales que alentaban el proyecto.

Casi sin darme cuenta ya estaba adentro, junto con mis colegas de estudio. Aportábamos para el Movimiento un porcentaje de nuestros sueldos. En todos los barrios de Buenos Aires se hacían fiestas, rifas, para recaudar fondos. Una verdadera efervescencia y entusiasmo revolucionario se había apoderado de una parte de los paraguayos residentes en Buenos Aires.

Éramos muchos, centenares, estábamos en todos lados y cuando asumió el Movimiento 26 de Julio con Fidel Castro a la cabeza en Cuba, nuestro entusiasmo se acrecentó aun más, dándonos la convicción de que si, verdaderamente se podía.

Volví al Paraguay para prestar el servicio militar, en el Centro de Instrucción Militar para la formación de Oficiales de Reserva (Cimefor), reservado para estudiantes que tuvieran como mínimo el cuarto año de la escuela secundaria y solamente se presta en las vacaciones.

Cuando volví a Buenos Aires ya recibí la orden de viajar a Posadas, en el inicio de lo que sería el operativo previo a la incursión. Me alojé en el domicilio de don Cleto González (en Ivanowski y Gobernador Roca) y luego en la casa de Cándido “Nenito” Ramírez (en La Rioja casi avenida Corrientes, Chacra 41), ambos adherentes al Movimiento.

El intento

Estuve en Posadas hasta la fecha prevista para la incursión. No puedo decir que mi formación militar fuera completa, era muy joven y entre el trabajo, el estudio y las reuniones, eran demasiadas actividades para responder a todas las exigencias de los aprestos. Pero estaba muy imbuido de nuestros objetivos político-sociales orientados a la liberación integral del pueblo paraguayo de la opresión y de las arbitrariedades.

Había en la acción militar un grado considerable de improvisación que nos llevó al fracaso en el momento de la incursión a territorio paraguayo. Esta se produjo en dos botes (canoas) desde el balneario « El Brete » de Posadas, con dos remeros de nacionalidad argentina, Edmundo Mondo e Iván Leandro Pereira, que vivían en las inmediaciones del lugar. Éramos 12 en total, con armas de dudosa calidad que nos fueron entregadas minutos antes, en medio de la obscuridad.

Nosotros observamos que desde la parte alta del Parque “República del Paraguay” de Posadas, varias personas que estaban estratégicamente ubicadas realizaban señales de luces con automóviles que eran captadas en territorio paraguayo. Teníamos púes la certeza de que sabían de nuestra presencia y lógicamente nos estaban esperando. Pero como nuestra convicción era más fuerte que la conciencia del peligro y el temor, que obviamente teníamos de ser asesinados o capturados, igualmente decidimos no aplazar y lanzarnos a la acción.

Simultáneamente, desde el puerto de Encarnación partían dos lanchas de las que realizaban el cruce del río trayendo y llevando pasajeros. Sobre el techo de cada una de esas lanchas se encontraban ( poco después lo supimos) dos piezas de ametralladora.

Pudimos ver dos puntos oscuros en el horizonte, pero como tenían los motores parados (venían aguas abajo por el canal), parecía que no estaban navegando, cuando sorpresivamente comenzaron a gritarnos “pe pytá peë aña membÿ” (quédense hijos del demonio) y comenzaron a disparar hacia nuestras frágiles embarcaciones, que se bamboleaban por las oleadas.

La otra canoa que transportaba al grupo con nuestro comandante Juan José Rotela se alejó del lugar y nosotros, enfrentando una diferencia de fuego desproporcionada, no tuvimos otra alternativa que entregarnos con gran dolor en el alma.

Después de analizar durante varios años, considero que fue la mejor decisión. No teníamos la menor posibilidad de éxito en esa circunstancia, habiendo caído en una trampa.  La sorpresa que nosotros intentamos tener como elemento  favorable, fue al revés: nos sorprendieron ellos. Todo por la gran cantidad de soplones (pyragüés) que pululaban por la ciudad de Posadas.

Se registraron otras incursiones guerrilleras por la zona de Puerto Rico, grupo en el que se encontraba Juan Gerónimo Ventre Buzarquis (“Pochi”) que escribió un interesante libro sobre su experiencia. Otros compañeros ingresaron por la zona de Puerto Yguazú y otros por el norte del país, en Pedro Juan Caballero.

Conmigo se encontraban, entre otros, el periodista y gran amigo Carlitos Madelaire (que tenía un equipo transmisor de radio, muy pesado), Arnaldo Clérici (padre de tres profesionales destacados de la provincia, la médica Mabel Clérici, la abogada, recientemente designada fiscal Patricia Clérici y el escribano Osvaldo Clérici) y César Portillo.

Torturas, trabajos forzados: Investigaciones y guardias de seguridad de Tacumbú

Juan José Rotela no tuvo éxito en su primera incursión, estuvo un par de días, ante el fracaso regresó y sólo cuatro meses pudo volver a ingresar siendo él y su grupo aniquilados de la peor manera por la unidad militar comandada por el general Patricio Colmán, un criminal sanguinario. Solo se salvó “Cacho” Blanco que contó historias realmente espeluznantes sobre los crímenes cometidos por los esbirros de Stroessner.

Una vez en tierra firme, comenzaron las sesiones de todo tipo de torturas desde patadas en la cara, hasta cachiporras de goma por la planta de los pies, que es algo muy doloroso, golpes con el yatagán (bayonetas) por las nalgas desnudas, sevicias de todo tipo. Estuve en Encarnación un par de días y me trasladaron a Asunción por vía aérea con Mario Esteche Notario, uno de los jóvenes jefes del movimiento, separándonos del grupo porque consideraban que éramos los de mayor graduación.

En Asunción, fuimos recluidos en el Departamento de Investigaciones, cuyo jefe era Erasmo Candia. Nos torturaban salvajemente, haciéndonos las preguntas mas inverosímiles. Me llevaban a lo que se denominaba « la pileta », una bañera que previamente me obligaban a llenar de agua donde después, atado de pies y manos, desnudo, me sumergían y sacaban, reiteradamente, a veces ya en el limite, para luego preguntar por lo que sea.

Un día me llevaron junto el jefe de Policía, el coronel Duarte Vera, un hombre grueso y de baja estatura, con su peculiar bigote y aire burlón. Mirándome con ojos cargados de odio, me dijo que si no estaban en ese lugar los generales tal y cual (no recuerdo los nombres), “ésta sería mi comida” -señalando un tejuruguai-  especie de látigo que tenía colgado detrás del cuadro del general Bernardino Caballero, fundador del Partido Colorado, y “éste de postre”, mostrando una cachiporra de goma blanca que estaba en una biblioteca.

Antes de fines del año 1959, me trasladaron a la Guardia de Seguridad, un cuartel militar ubicado en el barrio Tacumbú de Asunción, al lado de la cárcel, donde permanecimos juntos setenta compañeros. Ya habían llegado una parte de los que fueron tomados prisioneros en diferentes puntos del país, pero muchos nunca iban a llegar : todos los que murieron en la intentona libertaria.

En ese lugar ubicado en las orillas de Asunción, sobre el río Paraguay, nos sometieron a trabajos forzados en las canteras de piedra del cerro Tacumbú, donde íbamos por la mañana y por la tarde, todos los días, incluso domingos y feriados, siendo sometidos a permanentes azotes con lo que se denomina “arreador”: látigo utilizado en las estancias para azotar al ganado. Este elemento de tortura consta de un mango de madera y en la punta tiene lo que denominábamos tres lengüetas, que cuando lo utilizaban con destreza, nos partía la espalda en tres partes, con un solo azote.

Ciertamente, las consecuencias físicas, corporales, de estas sevicias eran desastrosas. Y cuando volvíamos de noche de las extenuantes jornadas de trabajos forzados -donde me llamaban « barretero », por utilizar la barreta-  combinadas con torturas, nos dedicábamos a curarnos unos a otros de las heridas. Sin la fraterna camaradería que tan fuertemente nos unió en todos los momentos de ese transe dramático, hubiese sido difícil mantener la moral, factor imprescindible para seguir existiendo en esas condiciones verdaderamente inimaginables para el común de los mortales.

Nuestro lugar de « residencia » era una enorme cuadra (salón), donde estábamos todos juntos y dormíamos en el piso. Al lado mío se encontraba siempre mi amigo Carlos Madelaire, hijo del propietario de LT4, Radio Misiones, de Posadas, que mucho tuvo que ver después con lo que sería mi nuevo oficio: el de periodista.**

Cuando íbamos o veníamos a la cantera (ubicada a 700 metros de la Guardia de Seguridad) observábamos a nuestros familiares, esa legión de personas de todas las edades, entre las que se encontraban siempre nuestras madres y hermanas, que nos saludaban casi a escondidas. En este punto rindo homenaje a mi mamá, doña Lola, que supo soportar con singular valentía los momentos tan difíciles que le hice pasar. Siempre brotaba una lágrima cuando la veía junto a mis hermanas Doris, Berta y las más pequeñas Mirtha Elena, Ana María y Miguel Ángel, además de la ya desaparecida María Celia. El ultimo (pahagüé), Luis Omar, todavía no había nacido. Al escribir estas líneas me embarga la emoción, cuando afluyen a mi memoria aquellos momentos tan intensos.

Peña Hermosa. La Fuga

A los siete meses de permanecer en la Guardia de Seguridad de Tacumbú, bajo régimen de trabajos forzados y sometidos a permanentes torturas, nos trasladaron a la isla-prisión de Peña Hermosa, ubicada sobre el río Paraguay, en el norte del país. Ahí trabajábamos, pero ya no eran excesivamente exigentes. Yo fui destinado a  la olería, en el sector donde se preparaba el adobe para realizar el corte del ladrillo, tarea que era realizada por Carlos Talavera.

Estábamos a unos 100 kilómetros de la frontera con Brasil. Fuimos averiguando algunos datos sobre la posibilidad de realizar una fuga masiva. La dificultad consistía en que, de los 70 prisioneros, un grupo de 15 había recibido la promesa de ser liberado al no tener vinculación con el Movimiento y, obviamente, no querían incluirse en los planes.

Había varios grupos que pensaban en la posibilidad de una evasión, y yo me fui sumando a cada uno de ellos. Luego de minuciosa planificación que daba lugar a largas deliberaciones, el grupo quedó integrado por cinco guerrilleros y un soldado que se sumó a nosotros: los hermanos Juan Gregorio y Pedro Peña, Ramón Romero, Silvio Villar y el soldado Villalba. A Villar le avisé de la fuga solo unos minutos antes, pensando que si llegaba a la casa de su padre, don Cleto González, en Posadas, sin su adorado hijo Silvio, tendría algunos problemas…

Hasta que llegó el esperado momento. Seguimos todas las preciosas indicaciones proporcionadas por Cala’à, hijo de un opositor al régimen que se dedicaba a la medicina natural en base a plantas (se los llama médico yuyo o médico ñaná). Nos había dicho:  “Si van por el camino municipal, por ahí los van a seguir, pero de acá a mil metros hay una alambrada, pero no hay camino. Esa alambrada llega hasta el Río Apa. Es todo estero, pero no se van a perder, porque la alambrada les va a orientar”. Dicho y hecho: dos días después, al amanecer, llegamos al bendito río Apa, tras pasar por todas las peripecias imaginables, escondiéndonos de los aviones que nos buscaban. Pero el pasto (se llama cortadera) era alto y difícil que nos localizaran desde el aire. Nos enteramos después que los militares que nos buscaban siguieron el camino que, según nos advirtió Cala’á, no debíamos tomar (el camino municipal) y llegaron a la frontera con Brasil a 25 kilómetros del lugar donde nosotros cruzamos.

Sería muy extenso relatar los detalles de la fuga, por lo que me limitaré a decir que salimos el 24 de marzo del año 1961 y el 26 de ese mes, dos días después, llegamos al río Apa, que separa el Paraguay del estado brasileño de Matto Grosso. Llegamos a una estancia donde conseguimos ser alojados tras explicar las razones de nuestra presencia en esas condiciones: descalzos, casi sin ropas, agotados y hambrientos. Y, desde luego, sin documento alguno.

Mi madre, que había logrado obtener un permiso especial para viajar a Peña Hermosa y llegó acompañada de Doris, la mayor de mis hermanas, también contribuyó en afinar los planes de la fuga y quedó bien claro que no debíamos aventurarnos mientras estuviese Juscelino Kubitscheck en el gobierno, porque siempre devolvía a los guerrilleros a territorio paraguayo, siendo todos sistemáticamente aniquilados por los esbirros de la dictadura estronista. Por ese motivo fue que esperamos un tiempo, hasta después de las elecciones en Brasil.

Fue un gran alivio enterarnos que había ganado Janio Quadros, ahí ya estábamos tranquilos y podíamos ir concretando los planes de nuestra evasión.

En este punto cabe señalar que una importante avenida de Asunción se sigue llamando “Kubitscheck”, en homenaje al amigo y cómplice de Stroessner en esos crímenes de lesa humanidad.
Después de peripecias sin fin, sin dinero ni documentos, llegamos a Puerto Quebracho y con la ayuda de ciudadanos paraguayos opositores al régimen fuimos a Puerto Murtinho, de ahí a Campo Grande (capital del Estado de Matto Grosso) y seguimos nuestro periplo larguísimo e interminable : Puerto Quince, Puerto Epitacio, Puerto Guaira (todavía estaban los saltos que ellos llamaban Sete Quedas), Foz de Yguazú, de donde logramos cruzar clandestinamente la frontera a Puerto Yguazú (Argentina) y finalmente llegamos a nuestro añorado destino final: la ciudad de Posadas. Fuimos directamente a la casa de don Cleto, entregándole sano y salvo su hijo Silvio. Fue un momento de gran emoción.

Cuando estábamos en Campo Grande nos enteramos por Radio Guaiba de Porto Alegre, de la fuga del resto de los compañeros, entre los que se encontraban Arnaldo Clérici, Inocencio Rojas, Carlos Madelaire, Ventre Buzarquis (quien actualmente trabaja en el consulado paraguayo de Posadas), Luis Orué, Carlos Garay, César Portillo, todos ellos habiendo fijado después residencia en la provincia de Misiones, Argentina.

Contaron que los 15 compañeros de prisión que no querían participar de la fuga habían sido liberados en esos días, por lo que resultó más fácil organizarla. Tomaron la unidad, neutralizaron y encerraron a los oficiales con la tropa y se llevaron todas las armas, siguiendo el mismo camino que recorrimos nosotros, en una acción sin precedentes durante todo el largo periodo de la dictadura de Alfredo Stroessner.

La caída de la Dictadura

En 1989 la dictadura fue derrocada por un golpe militar. Pero estamos convencidos que ese intento desesperado por erradicar un sistema que era causa de tantos sufrimientos y desgracias para el pueblo paraguayo, aportó su granito de arena para lo que ocurrió después. Con una mejor organización, coordinación y apoyo, podríamos haber evitado que por treinta años más continuase vigente ese sistema de feroz opresión.

Durante tres décadas no pude regresar a mi país (salvo fugaz y subrepticiamente cuando falleció mi hermana María Celia, a los 24 años de edad, en Diciembre de 1970), cuando volví, en Febrero de 1989, me encontré con otra realidad, muy diferente a la del Paraguay que yo dejé. Era otro país, más corrupto, plagado de delincuentes, con miedo: la gente hablaba en voz baja y a menudo había que recordarle que la dictadura ya había caído…

Periodismo en Posadas, Argentina

Desde el año 1961, llegando a la tierra que nos acogió, hace cincuenta años, comencé con mi otra pasión, el periodismo, labor que abracé con voluntad y determinación, respondiendo a una verdadera vocación. El querido compañero de todos los avatares, que hace tiempo nos dejo, Carlitos Madelaire, me introdujo en la radio que era propiedad de su padre, don Carlos Madelaire : LT4 Radio Misiones, « Argentina y Libre » según el slogan que caracterizaba a la emisora. Había cumplido con la promesa de esos días de “transmisión” del deporte macabro de nuestros carceleros.

La planta transmisora estaba ubicada en Radioparque, donde se organizaban torneos de fútbol, tarea que estaba a mi cargo. Participé de un recordado programa nocturno que se llamó “Periodistas de Guardia”, con Carlitos, Alberto Mónaca y José María “Pepe” Arrúa.

Pasé por todas las etapas de la profesión periodística. Primero en deportes (recuerdo que cuando iba a pasar un gol de Racing convertido por el puntero izquierdo Belén, anoté pulcramente y lo pasé con voz temblorosa, en mi primera incursión frente a un micrófono de verdad. Temblaba como una hoja… (Ahora, ya no). Por entonces era la única radio de Posadas.

Después, a instancias de Carlos Correa, me fui al diario “El Territorio” en el año 1966, donde tuve como jefe de deportes a Mario Christin. Enseguida, a pedido de don Carlos Lucero me incorporé a LT17 Radio Provincia de Misiones en la sección deportes y cuando inició su transmisión el Canal 12 comencé con deportes en los noticieros del canal y con “Rucho” Saidman teníamos un programa deportivo dominical que se llamaba “Teledeportes”, hasta que. el gobierno de la dictadura militar me dio de baja en 1977. Entonces, volví de nuevo a LT4 bajo la dirección del doctor Pedro Warenycia, con Silvio Orlando Romero, Miguel Barbero, Alejandro Guerrero, Fernando Warenycia, Jorge Balanda, Luis Galarza, Carlos Carvallo, Raúl Vergara, Aída González y otros.

Cuando se recuperó la democracia (ahora en la Argentina), el gobernador Ricardo Barrios Arrechea, en 1983, me convocó para ocupar el cargo de Director de Prensa de la Casa de Gobierno y luego la Subsecretaría de Información Pública siendo primero Oscar Edelman y después Hernán Damiani los secretarios del área.

Humberto Antonio Pérez, por entonces  director del diario « El Territorio », me designó para ocupar el cargo, volviendo a la redacción del diario en 1987, cuando me desempeñé como Secretario de Redacción del decano de la prensa escrita de Misiones. Hasta el año 1998. Actualmente trabajo en el programa “La Torre de Babel” que sale al aire desde hace 10 años al mediodía en LT17 Radio Provincia de Misiones, programa que hacemos con Hugo Dedieu y Pedro Etchegoin.  También sigo, desde hace diez años, en Radio Tupämba’é, con un programa de difusión dominical sobre la cultura paraguaya, su música y su historia, que se enriquece con la audiencia y participación de muchos compatriotas de la zona fronteriza.

En definitiva, tuve la ocasión de pasar por las distintas facetas del periodismo, en radio (en informativo o en relatos o comentarios deportivos), en diario, televisión y ahora por el periodismo digital. De ahí que muchos estudiantes de la carrera llegan hasta mi lugar de trabajo para que les comente cómo era el periodismo antes de Google, del mauss, de Messenger. Es decir, antes de la era digital.

Acá, en Misiones, siempre me hicieron sentir y me sentí como si realmente ésta fuese mi provincia y la Argentina mi país natal. Nunca encontré otra cosa que no fuese solidaridad. Ni la sombra de actitudes discriminatorias. Por eso, a esta altura de mi vida, puedo decir que mucho le debo a este país y a esta provincia, que me han acogido y brindado las oportunidades para desarrollarme, humana y profesionalmente. Es una prueba, manifestada en mi experiencia personal, en la de mis compañeros y en la de tantos compatriotas, que la solidaridad entre los pueblos es el camino que nos llevará a la victoria por lograr una América Latina fraterna, libre y unida.

Quedaron muchas cosas en el tintero, pero esta es una síntesis de lo que me tocó vivir en el desarrollo de una historia que tuvo muchos otros protagonistas, cuyas voces ya se apagaron o que no pueden manifestarse por estar los recuerdos, vivos, pero muy enterrados adentro. Hay testimonios similares, que deben ampliarse y darse a conocer: trabajar la memoria para que la iniquidad deje de encaramarse definitivamente a nuestra tierra paraguaya. No hay mucha diferencia con lo que pasó en la Argentina, donde en forma institucional y con participación de la sociedad civil, el NUNCA MAS! ya recorrió un camino considerable hacia la erradicación de la impunidad.

Esta es mi historia

Rubén Ayala Ferreira

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