Por: Lic. Peter Acosta
Politólogo.
En el Paraguay actual soplan vientos que se anuncian como tormentas, pero no son más que brisas engañosas. Gotas dispersas que apenas mojan la superficie, mientras el fondo permanece intacto. La política se viste de cambio, pero opera como continuidad.
La gran masa ciudadana, sumida en la ausencia crónica del Estado, no debate proyectos ni estructuras de poder: sobrevive. Sobrevive a la inseguridad cotidiana, a la falta de insumos en hospitales públicos, a la precariedad laboral, a la escasez de oportunidades reales, a la pérdida silenciosa del valor del guaraní y a una paradoja económica evidente: el dólar baja, pero la canasta básica no.
Esta ocupación permanente de la mente, esta lógica de supervivencia, impide ver la telaraña política que se teje con precisión en las alturas.
Mientras el ciudadano resiste, el cartismo juega a todas las bandas. Asunción se ha convertido en el tablero central. La intervención de la administración municipal de Óscar Rodríguez, cartista de origen, no significó una ruptura del sistema, sino su reconfiguración interna. Para evitar una expulsión definitiva, Rodríguez renuncia y es reemplazado por un intendente interino: Lui Bello. El esquema no cae; se acomoda.
En paralelo, el cartismo impulsa a su candidato oficial, Camilo Pérez. Sin embargo, fiel a su lógica histórica, no apuesta todo a una sola carta.
Desde Ciudad del Este emerge el relato del “perseguido por el cartismo”. No obstante, ese supuesto perseguido demuestra una hábil capacidad de pacto transversal: acuerda con Blas Llano, liberal en el discurso, pero funcional al cartismo en los hechos, y con Dionisio Amarilla, otro operador del mismo engranaje. Este trío termina respaldando a la candidata presentada como disidente para la intendencia de Asunción: Johanna Ortega. La disidencia, así, no rompe el sistema; lo administra.
Aquellos que quieran ver, que vean.
Aquellos que quieran oír, que oigan.
Del otro lado aparece Soledad Núñez, presentada como alternativa, pero con un recorrido político imposible de ocultar. Fue ministra durante la administración de Horacio Cartes, apoyó públicamente la candidatura de Santiago Peña, elogiándolo, y luego se recicló como figura de la supuesta oposición, llegando incluso a ser candidata a vicepresidenta con Efraín Alegre. No se trata de una evolución ideológica, sino de un reacomodo táctico. Soledad Núñez encarna la disidencia más cartista del Paraguay: útil para captar sectores críticos sin poner en riesgo el modelo de poder.
Así, Asunción enfrenta tres figuras fuertes: el candidato oficial del cartismo, la candidata maquillada, exministra reciclada como disidencia, y la candidata de izquierda sostenida por operadores de derecha cartista. Tres caminos distintos, un solo destino.
Pierda quien pierda, el único que gana es el cartismo. No por fraude, sino por diseño político. No por imposición directa, sino por ausencia de Estado, agotamiento social y manipulación del relato.
En este escenario, el dinero, como dice el dicho, ama el agua. Y el agua, en Paraguay, siempre corre por el mismo cauce.
Verkauf von Rauch und inszenierte Sturmwarnungen
Im heutigen Paraguay wehen Winde, die als Stürme angekündigt werden, in Wahrheit jedoch nichts weiter als täuschende Brisen sind. Vereinzelte Tropfen, die lediglich die Oberfläche benetzen, während die Tiefe unangetastet bleibt. Politik präsentiert sich als Wandel, funktioniert jedoch als Kontinuität.
Die breite Bevölkerung – gefangen in der Abwesenheit des Staates – diskutiert keine Projekte und keine Machtstrukturen: sie überlebt. Sie überlebt tägliche Unsicherheit, den Mangel an medizinischen Versorgungsgütern in öffentlichen Krankenhäusern, prekäre Arbeitsverhältnisse, fehlende reale Chancen, den stillen Wertverlust des Guaraní und eine offensichtliche wirtschaftliche Ungerechtigkeit: Der Dollar fällt, doch die Preise der Grundnahrungsmittel bleiben unverändert. Diese permanente geistige Belastung, diese Logik des bloßen Überlebens, verhindert den Blick auf das politische Spinnennetz, das mit chirurgischer Präzision gewebt wird.
Während die Bürger standhalten, spielt der Cartismo auf allen Seiten zugleich.
Asunción wird dabei zum zentralen Spielfeld. Die Intervention in die Stadtverwaltung von Óscar Rodríguez – einem erklärten Cartisten – bedeutete keinen Bruch mit dem System, sondern eine interne Neuordnung der Macht. Um eine endgültige politische Ausschaltung zu vermeiden, trat Rodríguez zurück und wurde durch einen Interimsbürgermeister ersetzt: Luis Bello. Das System stürzt nicht – es passt sich an.
Parallel dazu präsentiert der Cartismo seinen offiziellen Kandidaten, Camilo Pérez. Doch seiner historischen Logik folgend, setzt er niemals alles auf eine einzige Karte.
Aus Ciudad del Este entsteht das Narrativ des „vom Cartismo Verfolgten“. Dieser angeblich Verfolgte zeigt jedoch eine ausgeprägte Fähigkeit zu parteiübergreifenden Absprachen: Er einigt sich mit Blas Llano, liberal im Diskurs, aber cartistisch in der Praxis, sowie mit Dionisio Amarilla, einem weiteren Funktionsträger desselben politischen Apparates. Dieses dynamische Trio unterstützt schließlich die als dissident präsentierte Kandidatin für das Bürgermeisteramt von Asunción: Johanna Ortega. Die Dissidenz bricht das System nicht – sie verwaltet es.
Wer sehen will, der sehe. Wer hören will, der höre.
Auf der anderen Seite erscheint Soledad Núñez, vermarktet als Alternative, deren politischer Werdegang jedoch unübersehbar ist. Sie war Ministerin während der Regierung von Horacio Cartes, unterstützte öffentlich die Kandidatur von Santiago Peña, lobte ihn ausdrücklich und formierte sich später als angebliche
Oppositionsfigur neu, bis hin zur Kandidatur als Vizepräsidentin an der Seite von Efraín Alegre. Es handelt sich hierbei nicht um eine ideologische Entwicklung, sondern um eine taktische Neujustierung. Soledad Núñez verkörpert die cartistischste Form der Dissidenz in Paraguay: geeignet, kritische Wählersegmente zu absorbieren, ohne das Machtmodell zu gefährden.
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